Somos un grupo de amigos que disfrutan de fotografías, frecuentemente promovemos el trabajo de personas que nos permiten revivir momentos.

Esta aventura comenzó con una plática de café, cuando todos coincidimos en que, los padres, los abuelos y los tíos siempre tienen algo que contar y nos preguntamos ¿Cuántas historias reuniríamos si juntamos todas? Cientos, miles, era imposible, hasta que viajando a Oaxaca en vacaciones alguien dijo “Desearía tener esta imagen en mis ojos” refiriéndose al atardecer rojizo en Monte Albán. Tan pronto escuchamos eso, tomamos una fotografía y esa tarde vive en nosotros todavía.

A través de imágenes hemos conocido la cultura de México y no necesitamos más que una cámara y el corazón para recorrer la historia de los lugares y conocer a las personas.

El deseo de compartir memorias fue creciendo hasta que, una tarde en un hoteles en San Miguel de Allende, encontramos la manera de llevar historias a muchas más personas que, sin duda, alguna vez tuvieron una charla con sus padres o abuelos. Sí, hay momentos que se deben olvidar, pero hay muchos otros que se tienen que atesorar y que mejor que usando los ojos para eso, fuentes primarias de emociones.